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Una receta para la felicidad

Por: Biol. Oscar Aranda Mena

Contagiemos a nuestra familia, amigos y desconocidos de la dicha de vivir una vida plena y significativa. ¡Nuestro cuerpo y el planeta nos lo agradecerán!

El 20 de marzo se celebra el día internacional de la felicidad, pero en este mes también se celebra el día mundial de la vida silvestre, el día internacional de los bosques y la hora del planeta, entre muchas otras. Pero cuando nuestra mente está llena de estrés y de pensamientos tóxicos, es muy difícil detenernos a pensar en cuidar el planeta, por lo que he decidido compartirle una fórmula que nos ayudará a sentirnos mejor con nosotros mismos, para entonces llevar una vida más equilibrada y amigable con el medio ambiente. Le comparto mis 10 ingredientes.

10 Ingredientes: Una Receta para la Felicidad

  • La voluntad de querer cambiar. Ser conscientes de la necesidad de mejorar nuestro estilo de vida y el medio ambiente.
  • Un poquito de soledad. Siempre viene bien. Nos ayuda a encontrarnos con nosotros mismos, desconectar y pensar con más claridad, pero debe ser en un ambiente favorable. ¡La naturaleza es el sitio perfecto!
  • Un baño de naturaleza, sus sonidos y un poquito de sol. Está comprobadísimo que los ambientes naturales son terapéuticos, pues reducen el estrés y apaciguan nuestro espíritu; el silencio que ahí habita se hace notar por los cantos de las aves y el sonido del viento pasando a través de las ramas de los árboles. Es igualmente sanador para el cerebro, ya que éste se daña al percibir continuamente tanto ruido en la ciudad, el cual es interpretado como estímulo que no nos permite relajarnos ni desconectar por las noches para lograr un sueño reparador. ¡El silencio regenera nuestras células cerebrales! Gracias a los rayos del sol (rayos UV), nuestro cuerpo puede producir la vitamina D y la serotonina, un neurotransmisor que nos brinda sensaciones de bienestar y nos ayuda a regular el sueño, entre muchas otras cosas.
  • Deje que su imaginación y la fantasía tomen el control de su mente. Permítase ver figuras de animales en las nubes y en las rocas sin miedos ni tapujos. ¡Es una técnica divertida y depuradora! A esto se le llama pareidolia.
  • Conecte con la naturaleza. La observación y el contacto con la naturaleza mejoran notablemente nuestras conexiones afectivas con los seres del planeta, pues generan empatía con los seres vivos. Esto nos lleva directamente al siguiente ingrediente.
  • Sea biocentrista. Y no me refiero a ningún partido político, sino a la filosofía que está basada en que todos los seres vivos tenemos los mismos derechos. Asumido esto, el cumplimiento del resto de los ingredientes fluirá solo y será pan comido.
  • Sea compasivo. Comenzando por los seres más indefensos, como evitar matar esa abeja que se acerca a su vaso para beber un poco de refresco azucarado. Crea o no en el Karma y el Dharma, se sentirá orgulloso de sus actos.
  • Sea responsable. Siendo consciente de las consecuencias de las actividades diarias, como el consumo de agua, el desecho de basura o el reciclaje.
  • Sea altruista. Haga a un lado el egoísmo y el individualismo. ¡Ayudar por el simple placer de ayudar eleva la autoestima hasta las nubes!
  • La gratitud. Es uno de esos grandes regalos que nos ha dado la vida y, aunque es extremadamente sencillo mostrarla, a veces no lo decimos. No es suficiente con pensar en el buen trabajo que están haciendo los biólogos y los voluntarios protegiendo tortugas o limpiando playas. Hay que decírselos, pues la gratitud es también alimento del alma.

Piense un momento en lo afortunados que somos por tener tanta naturaleza alrededor y hay que agradecer a quienes la cuidan y protegen.

Estos son los ingredientes que a mí me han funcionado, pero antes de cambiar el mundo debo darle un último consejo: ¡CUIDADO! La felicidad es altamente contagiosa. ¡Causemos entonces una epidemia de felicidad! Contagiemos a nuestra familia, amigos y desconocidos de la dicha de vivir una vida plena y significativa. ¡Nuestro cuerpo y el planeta nos lo agradecerán!

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